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miércoles, 25 de enero de 2012

LEISHMANIOSIS (I)


                                                             LEISHMANIOSIS  (I)

  Ayer, 24 de enero de 2012, se presentó en Madrid la vacuna contra la leishmaniosis, CaniLeish. En las próximas entradas del blog os iré dejando información sobre la misma, y los últimos avances sobre esta grave enfermedad.

  “Enfermedad parasitaria transmitida por un vector y causada por protozoos del género Leishmania”. Estos parásitos infectan a una gran variedad de animales vertebrados (lobo, zorro, gato montés, gato doméstico, jineta, lince, mangosta) y se transmiten por la picadura de un flebotomo (mosquito) infectado.  Los perros son el principal reservorio para esta zoonosis.

  La leishmaniosis canina, una enfermedad grave y de fatales consecuencias, se extiende por la cuenca mediterránea, parte de Asia, América Central y Sudamérica. Se calcula que, solamente en el suroeste europeo, hay al menos 2,5 millones de perros infectados y que la enfermedad se está extendiendo hacía el norte: 20.000 casos diagnosticados en el sur de Alemania, Austria y Suiza. Se trataría de perros que han vivido o viajado anteriormente a áreas endémicas. El número creciente de perros que viajan al sur de Europa o de perros importados como mascotas procedentes de áreas endémicas está suscitando serias preocupaciones sobre la introducción de enfermedades transmitidas por vectores.

  En la especie humana puede adoptar dos formas de presentación: visceral (kala azar) que afecta a los órganos internos y es mortal si no se trata, y las formas cutánea y mucocutánea que pueden curarse espontáneamente pero que deja cicatrices que causan desfiguración. Parece ser que en España podría haber más casos de los que se diagnostican por el desconocimiento de los médicos, que ya están recibiendo cursos sobre esta patología en los centros de atención primaria. Muchos procesos dermatológicos mal diagnosticados son provocados por la leishmaniosis y no son diagnosticados ya que en muchos casos curan espontáneamente.

  Más de 350 millones de personas de 88 países se encuentran en situación de riesgo de leishmaniosis  y la tasa de mortalidad de leishmaniosis visceral, causada por el complejo leishmania, solo es superada entre las enfermedades parasitarias por la malaria.

  El número de perros infectados en Sudamérica se calcula en millones. Las tasas de infección son elevadas en algunas zonas de Venezuela y Brasil, donde una prevalencia alta de la infección canina se asocia a un riesgo elevado de enfermedad en humanos. También se ha descrito la infección en gatos, cánidos salvajes y caballos en áreas en las que la enfermedad es común en perros.

  De cualquier forma, dentro de un mismo país, como puede ocurrir en España o en Italia, la prevalencia de la enfermedad es muy variable según zonas o regiones. Por ejemplo en la zona de Pisa la prevalencia es de un 1,4% mientras que, en Liguria, es de un 30,3%. En España, por poner un ejemplo, en Orense hay una prevalencia del 35,6% , en A Coruña del 3,7%, y en Santiago de Compostela del 6,7%. Además, y esto es sumamente importante, la seroprevalencia infravalora el verdadero número de perros infectados como ha quedado confirmado por los estudios basados en la prueba de la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR) en perros seronegativos.  De esto hablaremos más adelante. Así, en Marsella la prevalencia sería de un 80% y en Palma de Mallorca de un 67%.

  Es importante apuntar que, además del flebotomo, el vector clásico del parásito, se han encontrado leishmanias en pulgas y garrapatas, pero hasta el momento no se ha demostrado que estos dos últimos parásitos puedan transmitir la enfermedad a través de sus picaduras en perros. De momento, por tanto, se trata de un hallazgo casual. Lo que sí se sabe es que un insecto del género Phlebotomus (Lutzomya en el Nuevo Mundo) está adaptado para la transmisión de Leishmania.

  El flebotomo hembra es el único que pica para obtener la sangre ya que los machos son vegetarianos.
Recordando el ciclo de la leishmania: La hembra flebotomo queda parasitada cuando ingiere la forma de leishmania que se conoce como amastigote presente en la sangre que ha succionado del hospedador infectado (perro…). Durante 4 a 25 días, el parásito (leishmania) continúa su desarrollo en el interior del mosquito, donde sufre una transformación importante, pasando de amastigotes a promastigotes, que serán las formas infectantes que inoculará al animal que pique. Esta forma infectante quedará en la piel y será fagocitada por unas células llamadas macrófagos. Ya en el interior del macrófago, éste intentará destruir a la leishmania mediante una serie de fenómenos bioquímicos. Desgraciadamente, el parásito está dotado de una serie de mecanismos para evadir esta defensa del organismo, por lo que podrá seguir creciendo, desarrollándose y multiplicándose en el interior del macrófago, dando lugar a amastigotes que cuando alcanzan un gran número dentro del macrófago lo harán reventar y pasarán a la circulación sanguínea, en donde nuevos macrófagos los van a capturar y se repetirá la secuencia anterior.  El resultado de la inoculación en un hospedador vertebrado depende de la eficacia del sistema inmune del hospedador de lo que hablaré más adelante.

  Por tanto, el parásito existe en dos formas: promastigote (en el vector) y amastigote (parásitos intracelulares en los hospedadores vertebrados).

  Otras vías de transmisión que ya han sido demostradas son: por transfusión de sangre, por la cópula (venérea) y por vía transplacentaria (de madres infectadas a fetos).

  Factores de riesgo: el género, es decir, ser macho o hembra no parece ser un factor de riesgo.

  Todas las razas son susceptibles. Sin embargo, hay algunas razas como Bóxer, Cocker Spaniel, Rottweiler y Pastor Alemán que parecen ser más susceptibles que la media al desarrollo de la enfermedad sintomática. Otras razas, como el Podenco Ibicenco, raramente desarrollan signos clínicos.

  La prevalencia de leishmaniosis canina aumenta hasta los 3 años de edad para declinar posteriormente hasta que el perro es mayor de 7 u 8 años, momento en que se observa otro pico. Esto quiere decir que entre los 3 a 6 años de edad la incidencia es menor.

  El riesgo depende de la actividad del perro y de la exposición resultante a las picaduras de flebotomos infectados. Por todos es sabido que es desde el atardecer cuando el mosquito tiene su máxima actividad y que es a partir de temperaturas medias de 18 grados centígrados cuando comienzan a volar y por tanto a picar a los perros.

  Muy importante: la mayoría de los perros expuestos al parásito NO DESARROLLAN leishmaniosis CLÍNICA (síntomas). Aunque una proporción pasará a desarrollar el síndrome clínico, algunos perros pueden eliminar por completo el parásito y un número considerable permanecerá INFECTADO DE FORMA SUBCLÍNICA. No obstante NO puede asumirse que el estado subclínico en perros infectados (es decir sin síntomas) sanos sea permanente. Algunos perros pasarán a eliminar la infección tras un tiempo, pero en otros, factores como la inmunosupresión y las enfermedades concomitantes pueden dar como resultado la progresión de la enfermedad, es decir se pasará de tener leishmaniosis SUBCLÍNICA  a tener LEISHMANIOSIS CLÍNICA o lo que lo mismo de ser un perro sano con leishmanias a ser un perro enfermo con leishmaniosis.  También es importante saber que, los perros que están infectados pero son asintomáticos pueden seguir siendo una fuente de infección para los flebotomos, incluso cuando no muestren signo de enfermedad.

  Dada la gran variabilidad, la clasificación de los perros expuestos al parásito Leishmania no es sencilla.

                     RESULTADOS DE LA EXPOSICIÓN AL PARÁSITO EN PERROS


Texto y fotos: CaniLeish. Monografía del producto. Laboratorios Virbac.

José Enrique Zaldívar Laguía.

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