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miércoles, 4 de enero de 2012

ENFERMEDADES TRANSMITIDAS POR GARRAPATAS


ENFERMEDADES TRASMITIDAS POR GARRAPATAS





ENFERMEDADES TRANSMITIDAS POR GARRAPATAS

ERLIQUIOSIS

Se trata de una enfermedad infecciosa causada por varias especies de Ehrlichia, aunque podemos decir que en España la que encontramos con más frecuencia es la canis. Aunque el curso de la enfermedad puede ser variable, el cuadro se caracteriza, de manera típica, por una reducción aguda de los elementos celulares sanguíneos, en especial de las plaquetas (trombocitopenia). Su agente causal, la erliquia, ha sido trasladada recientemente de la familia  Rickettsiaceae hacía la familia Anaplasmataceae.
 La distribución de la enfermedad está relacionada con la distribución de las garrapatas que la contagían. La que se encuentra con más frecuencia es la garrapata marrón del perro, Rhipicephalus sanguineus, aunque es muy posible que otras especies de garrapata (Dermacentor variabilis) sean las culpables de la transmisión de la enfermedad, como ya se ha demostrado en España.
 Debido a que está enfermedad se puede presentar de forma aguda, crónica o subclínica, se dan casos en que es diagnosticada en zonas en las que no es excesivamente frecuente, debido a que el perro enfermo llegó allí ya infectado. Curiosamente hay perros que presentan síntomas años después de que la garrapata le infectó.
 En la forma aguda se produce diseminación de la infección desde el sitio de la mordedura hacía el bazo, hígado y ganglios linfáticos. La forma grave de la enfermedad parace presentarse con más frecuencia en el Doberman y en el Pastor alsaciano.
 Otra curiosidad que empeora el pronóstico es la presencia en el mismo perro de otras enfermedades además de la erliquiosis, como son la babesiosis, la hepatozoonosis, o la bartonellosis. Podemos decir por tanto que en algunos casos, se produce la transmisión simultánea de microorganismos desde la garrapata vectora, mientras que en otros casos, la coinfección refleja la exposición frecuente a garrapatas e infecciones crónicas múltiples adquiridas de manera independiente.
 Los signos clínicos durante la fase aguda de la enfermedad variarán desde depresión, anorexia, y fiebre a pérdida de peso, secreciones oculares y nasales, disnea, inflamación de ganglios linfáticos, y edema de las extremidades y escroto. Curiosamente, los signos clínicos de la fase aguda son transitorios y generalmente se resuelven en 1 o 2 semanas sin tratamiento. En estos casos, los perros pasan de la fase aguda al estado subclínco. Normalmente veremos un descenso de plaquetas (trombocitopenia) y de glóbulos blancos (leucopenia) 10 a 20 días después de la infección.
 Se pueden presentar inflamaciones o hemorragias en el ojo o las meninges, lo que va a provocar signos oculares y del sistema nervioso central (SNC), respectivamente, que incluyen hiperestesia, alteraciones musculares, y déficit neurológico. Podemos decir que los hallazgos clínicos en la erloquiosis son idénticos a los de otra enfermedad trasmitida por garrapatas, conocida con el nombre de Fiebre Exantemática de las Montañas Rocosas (FEMR), es decir: fiebre, anorexia, depresión, secreción ocular mucopurulenta, hipermia de la esclerótica, taquipnea, tos, vómitos, diarreas, dolor muscular, poliartritis, ataxia, signos vestibulares, estupor, convulsiones y coma.
 En la forma crónica los síntomas los podemos clasificar como moderados o asintómaticos en algunos perros a graves en otros. Una combinación de tendencia a la hemorragia, palidez debido a la anemia, pérdida intensa de peso, debilidad, dolor a la exploración abdominal, inflamación ocular, hemorragias en la retina, y signos neurológicos compatibles con meningoencefalitis. Son numerosas las manifestaciones hemorragicas que puede presentar un perro con esta enfermedad. La hemorragia nasal (epistaxis), anteriormente considerada como la marca distintiva de la enfermedad, se notifica rara vez en los casos descritos más recientemente en las publicaciones veterinarias.
 Además de las alteraciones hematológicas que serían compatibles con E. canis (anemia, trombocitopenia, neutropenia, linfocitosis, monocitosis y eosinofilia), podemos ver cojeras que afectan a una o varias extremidades, rigidez muscular, renuncia del perro a levantarse, espalda arqueada e hinchazón y dolor articular.
 Ultimamente parece demostrarse que los perros que desarrollan la enfermedad de forma crónica con presencia continua de erliquias en la sangre circulante podrían estar inmunodeprimidos.
 Un dato importante a tener en cuenta cuando hacemos análisis de sangre en los perros, es que esta enfermedad no siempre provoca un descenso de plaquetas por debajo de los rangos normales, sino que son muchas las ocasiones en que los recuentos de estas células se encuentran justo en los límites de lo clinicamente aceptable, es decir, en la zona baja del intervalo de referencia del laboratorio. Podremos ver incluso perros con recuentos de plaquetas normales e incluso elevados que presentan hemorragias, ya que en algunos casos las erliquias provocan una función defectuosa de estas células, y por tanto, a pesar de encontrarse en número suficiente son incapaces de llevar a cabo su principal función que es la de la coagulación.
 Si se presenta anemia, está será de gravedad variable entre los perros afectados, e incluso se han demostrado casos de desarrollo de anemias hemolíticas (destrucción de hematies) agudas en el transcurso de la enfermedad. Normalmente en los casos agudos nos encontraremos con anemias regenerativas y en los crónicos con anemias no regenerativas.
 Las proteínas estarán aumentadas por encima de los valores esperados en, aproximadamente, un 50-75% de los perros seropositivos a E. canis. Veremos aumentos de las globulinas (beta, gamma o ambas). Observaremos también una disminución de la albúmina que se asocia en algunos casos a afectación del riñón (nefropatía por daño del glomérulo renal) que suele ser reversible.
 Los análisis de médula ósea (punción) nos indicarán una inhibición de ésta en la fabricación de células hemáticas. Cuanto menor sea la respuesta de la médula ósea peor será el pronóstico de la enfermedad.
 El diagnóstico se hará por detección de anticuerpos frente a E. canis (IFI, ELISA) o por amplificación del ADN de E. canis (PCR).
 La infección por E. canis no confiere inmunidad protectora; por tanto, la exposición posterior a garrapatas infectadas después del tratamiento provocará recidiva de la enfermedad, generalmente de menor gravedad. Después del tratamiento con antibióticos, algunos perros pasan a ser asintomáticos, pero mantienen títulos elevados de anticuerpos frente a la E. canis durante mucho tiempo. Puede darse el caso, aunque raro, que un perro curado mantenga alguna alteración hematológica como la trombocitopenia, durante años.
 ¿Cómo podemos saber entonces que el perro se ha curado? : pues serán los valores de las globulinas las que nos lo indiquen. Desde el punto de vista clínico, se asume que en los perros en que han eliminado la infección los valores de la gamma y betaglobulinas se irán normalizando progresivamente. Otra manera de certificar que la infección se ha superado será la imposibilidad de amplificar el ADN de la E.canis en sangre. Es por esto, que la PCR se está convirtiendo en una importante herramienta clínica de diagnóstico para diferenciar la especie infecciosa y para determinar si el tratamiento ha eliminado de manera eficaz la infección.
 Para tratar la enfermedad se recomienda el uso de tetraciclina o doxicilina durante tres semanas. En muchas ocasiones será necesaria la rehidratación por vía intravenosa e incluso las transfusiones de sangre o de plasma. Los corticoesteroides pueden estar indicados en caso de presentarse una trombocitopenia severa, así como los anabolizantes (oximetolomena o decanoato de nandrolona)
 De forma experimental se ha provado la enrofloxacina que suprime la infección y puede producir mejoría clínica y hematológica, pero no elimina la infección. Otro medicamento, el dipropionato de imidocarb que se ha usado con gran frecuencia en los últimos años, ha demostrado su fracaso en algunos casos, aunque debería ser utilizado si los antibióticos indicados no son capaces de controlar la enfermedad.
 Aunque la enfermedad puede afectar a la especie humana, no hay transmisión directa de perro a humano, sino que sería el mismo vector, es decir la garrapata, la que provocaría la enfermedad en el hombre.

BABEIOSIS O PIROPLASMIA

Existen numerosas especies de babesia que se trasmiten por garrapatas. En España se ha aislado la babesia canis y la Theileria annae (piroplasma canino español). Estos microorganismos penetrán en los glóbulos rojos, se reproducen, y provocan su destrucción (anemia hemolítica intravascular). La gravedad de la enfermedad depende de la especie, de la cepa de la babesia, y del estado inmunitario del hospedador. La enfermedad se puede trasmitir también por transferencia/ transfusión de sangre o por vía transplacentaria.
 Si la enfermedad aparece de forma aguda e incluso hiperaguda, se presentará una importante anemia acompañada de fiebre alta. El perro presentará mucosas pálidas, taquicardia, taquipnea (aumento del ritmo respiratorio), depresión, anorexia y debilidad. Algunos animales presentarán ictericia (color amarillento de piel y mucosas), petequias (puntos hemorrágicos en algunas zonas del cuerpo), aumento del tamaño del bazo e hígado (hepatoesplecnomegalía), y enfermedad renal.
 Ante un caso clínico de babesiosis activa, debemos hacer un diagnóstico lo más rápido posible dada la gravedad de los signos clínicos.
 Al igual que en la enfermedad descrita en primer lugar, la erliquiasis, la babesiosis también se puede dar de forma subclínica o bien en forma crónica. En este último caso, el perro manifestará anorexia y adelgazamiento. Podemos decir por tanto que el periodo de incubación es de 2 semanas, pero algunos casos no son diagnosticados durante meses u años.
 Existen también casos atípicos en los que los perros desarrollan ascitis (presencia de líquido en cavidad abdominal), vómitos y diarreas, alteración del sistema nervioso central (SNC) con debilidad, desorientación y colapso, edema e indicios clínicos de enfermedad cardiopulmonar.
 En perros infectados por babesiosis es frecuente encontrar anemia regenerativa, elevación de bilirrubina en sangre (hiperbilirrubinemia), presencia de bilirrubina en orina (bilirrubinuria) que la teñirá de un amarillo intenso, hemoglobinuría (presencia de pigmento hemático, es decir hemoglobina en orina), trombocitopenia (descenso de plaquetas), elevación de urea y creatinina en sangre (marcadores de la función renal) y algunas anomalías en el sedimento de la orina, como es la presencia de cilindros renales.
 En algunas ocasiones el único signo de la enfermadad a nivel de laboratorio es la elevación en sangre de las globulinas especialmente en los casos de enfermedad crónica.
 Existen pruebas serológicas para hacer el diagnóstico de la enfermedad, aunque aparecen falsos negativos en casos de enfermedad hiperaguda o con inmunosupresión coexistente.
 Dado que se dan casos de perros seropositivos pero sin síntomas, a veces será necesaria la identificación de la babesia en el interior de los glóbulos rojos, o utilizar la técnica de amplificación del ADN, es decir la PCR, aunque no siempre los resultados positivos se correlacionan con la enfermedad clínica.
 Los tratamientos de elección son el isetianato de fenamidina, dimidamicina aceturato y el dipropionato de imidocarb. Esta medicación no está exenta de efectos adversos como salivación, lagrimeo, diarrea, disnea, y depresión. Otros fármacos que podemos utilizar son el metronidazol, la clindamicina, y la doxiciclina para reducir la enfermedad clínica, pero sin erradicar la infección.
 En la actualidad y por lo que se desprende de los últimos estudios realizados, el uso de azitromicina y atavaquona sería el tratamiento de elección y el único que podría eliminar la infección por babesia.
 En muchas ocasiones será necesaria la aplicación de sueros por vía intravenosa e incluso la transfusión de sangre.
 La mayoría de los pacientes responden dentro de 1-2 semanas de tratamiento, pero debemos tener en cuenta la presencia de otro tipo de infecciones (erliquia, leishmania) en aquellos perros que no lo hagan.

 Cómo habréis podido deducir tras la lectura del artículo, las dos enfermedades descritas son sumamente graves, y en algunas ocasiones, a pesar de las atenciones y de los tratamientos, acaban con la vida de los perros. Dado que ha llegado la época en que las garrapatas han hecho su aparición, no olvidéis proteger a vuestros compañeros contra ellas. evitando así que puedan inocularles alguno de los microorganismos descritos.

 José Enrique Zaldívar Laguía


 Artículo publicado en la revista El Mundo del Perro

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